- En crecimiento
El arbutus unedo, más conocido como madroño, se caracteriza por ser un arbusto continental, originario del mediterráneo, extremadamente fuerte a las adversidades atmosféricas y climáticas
Se adapta bien tanto a zonas frías como a zonas de mucho calor
De porte medio/grande, acepta muy bien las podas y su formación en árbol de copa
Es un arbusto de hoja perenne, con lo que estará verde y con hojas todo el año
Su tronco es rojizo con escamas grisáceas y sus hojas color verde intenso ligeramente dentadas
Además de decorar todo el año nuestro patio o jardín, nos da unas pequeñas frutas muy ricas, de color rojo/amarillento con un sabor dulce muy característico
Es perfecto para principiantes, ya que es un arbusto muy resistente, aunque en maceta se desarrolla peor y sufre más la climatología
Época de floración: Otoño, dando unos ramilletes de flores colgantes blancas/rosadas muy bonitas
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Son muchos los usos del madroño, pero quizás el uso comestible de sus frutos sea el más conocido. Se hacen con ellos mermeladas, confituras y conservas
Los frutos también pueden aprovecharse para obtener bebidas alcohólicas por fermentación y de ellos se extrae, por ejemplo, el «licor de madroño» alicantino
En algunas zonas del Mediterráneo (como Argelia y Córcega), los frutos fermentados se usan para preparar un vino que, destilado, permite obtener un brandy
En Portugal es popular preparar de forma casera aguardiente de madroño
Excelente planta para utilizar como flora apícola. En tiempos pasados, en España se obtenía azúcar de esta planta
En Libia se usan las raíces para teñir de rojo las pieles
También ha sido utilizado como producto farmacológico desde la antigüedad por sus principios activos: arbusterina, tanino y ácido gálico. Los frutos contienen una media de un 20 % de azúcares
Las semillas tienen elevadas concentraciones de aceite graso
La corteza se ha utilizado en medicina natural como diurético, astringente y antiséptico urinario y renal
CONSEJOS DE PLANTACIÓN
Una vez recibido el árbol, si se quisiera plantar en el suelo, lo recomendable es hacer un hoyo el doble de profundo y de ancho que la maceta.
Si el suelo no drena bien, habría que esparcir una capa de piedras en el fondo del hoyo antes de poner el árbol.
Una vez preparado el hoyo, se le quita la maceta con cuidado de no dañar la raíz y se introduce el cepellón en el hoyo, y se tapa con la tierra que hemos sacado anteriormente.
Para finalizar, dar un buen riego, con agua a mínima presión, para que filtre lentamente en el terreno y se adhiera la tierra nueva a las raíces.
Se puede trasplantar a otra maceta más grande, en vez de en suelo, siguiendo las indicaciones anteriores y teniendo en cuenta que, la maceta nueva, debe ser como máximo el doble de grande de la que tiene en el momento de recibir la planta, para favorecer el buen enraizado en su nueva localización.