MÁS CURIOSIDADES DEL ACEBO
El acebo era ya conocido por Aristóteles. Le llamaba "paliuro" en sus textos. La medicina natural tradicional ha empleado el acebo desde muy antiguo. Sus propiedades derivan de la presencia en sus hojas de ilicina (ilixantina), ácido cafetánico, dextrosa, goma, cera y otras sustancias en menor cantidad
La infusión de las hojas cocidas se usaba como diurético y como laxante. Los frutos son purgantes y, en mayores dosis, un vomitivo enérgico (de uso muy peligroso para niños). Asimismo, la maceración en vino, de las hojas cortadas en pedacitos, servía como tonificante
El acebo tiene una madera muy apreciada en ebanistería. Es muy dura y compacta, tanto que no flota en el agua al igual que le sucede a la madera de boj (Buxus sempervirens) y de palosanto (Bulnesia sarmientoi), entre otras. No tiene dibujo y es difícil de trabajar. Se usa en marquetería, tornería, herramientas de carpintero, culatas de armas de fuego, etc. Toma muy bien los tintes, por lo que se hacen perfectas imitaciones del ébano (Diospyros ebenum)
Como dato curioso, en la reconstrucción del Palacio Real de Madrid (año 1738), se empleó madera de acebo en sus ventanas, por su buena calidad y resistencia a la podredumbre
CONSEJOS DE PLANTACIÓN
Una vez recibido el árbol, si se quisiera plantar en el suelo, lo recomendable es hacer un hoyo el doble de profundo y de ancho que la maceta.
Si el suelo no drena bien, habría que esparcir una capa de piedras en el fondo del hoyo antes de poner el árbol.
Una vez preparado el hoyo, se le quita la maceta con cuidado de no dañar la raíz y se introduce el árbol hasta el injerto, que habría que enterrarlo, y se tapa con la tierra que hemos sacado anteriormente del hoyo.
Para finalizar, dar un buen riego, con agua a mínima presión, para que filtre lentamente en el terreno.
Se puede trasplantar a otra maceta más grande, en vez de en suelo, siguiendo las indicaciones anteriores y teniendo en cuenta que, la maceta nueva, debe ser como máximo el doble de grande de la que tiene en el momento de recibir la planta, para favorecer el buen enraizado en su nueva localización.