- En crecimiento
El acebo ó Ilex aquifolium es un arbusto continental de hoja perenne que puede llegar a medir unos veinte metros de altura y vivir siglos, aunque es de crecimiento lento
De porte erguido y piramidal, suele tener forma cónica con copa densa y ramosa desde la base
Tiene la corteza lisa durante toda su vida
La variedad Blue Angel tiene las hojas de un color verde oscuro azulado más intenso que las demás, son dentadas y brillantes
Sus flores son de tonos blancos y rosados, esta variedad da flores macho y hembra por lo que en otoño e invierno podremos disfrutar de sus bonitas bayas, primero verdosas y tornándose de color rojo intenso
Es un arbusto que se utiliza sobre todo para la decoración de parques y jardines
Forma parte de la tradición decorativa navideña tras sustituir al muérdago, en la tradición occidental católica
Maceta de 2'5 litros, altura aproximada 30/40 cm
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El acebo era ya conocido por Aristóteles. Le llamaba "paliuro" en sus textos. La medicina natural tradicional ha empleado el acebo desde muy antiguo. Sus propiedades derivan de la presencia en sus hojas de ilicina (ilixantina), ácido cafetánico, dextrosa, goma, cera y otras sustancias en menor cantidad
La infusión de las hojas cocidas se usaba como diurético y como laxante. Los frutos son purgantes y, en mayores dosis, un vomitivo enérgico (de uso muy peligroso para niños). Asimismo, la maceración en vino, de las hojas cortadas en pedacitos, servía como tonificante
El acebo tiene una madera muy apreciada en ebanistería. Es muy dura y compacta, tanto que no flota en el agua al igual que le sucede a la madera de boj (Buxus sempervirens) y de palosanto (Bulnesia sarmientoi), entre otras. No tiene dibujo y es difícil de trabajar. Se usa en marquetería, tornería, herramientas de carpintero, culatas de armas de fuego, etc. Toma muy bien los tintes, por lo que se hacen perfectas imitaciones del ébano (Diospyros ebenum)
Como dato curioso, en la reconstrucción del Palacio Real de Madrid (año 1738), se empleó madera de acebo en sus ventanas, por su buena calidad y resistencia a la podredumbre
Una vez recibido el árbol, si se quisiera plantar en el suelo, lo recomendable es hacer un hoyo el doble de profundo y de ancho que la maceta.
Si el suelo no drena bien, habría que esparcir una capa de piedras en el fondo del hoyo antes de poner el árbol.
Una vez preparado el hoyo, se le quita la maceta con cuidado de no dañar la raíz y se introduce el árbol hasta el injerto, que habría que enterrarlo, y se tapa con la tierra que hemos sacado anteriormente del hoyo.
Para finalizar, dar un buen riego, con agua a mínima presión, para que filtre lentamente en el terreno.
Se puede trasplantar a otra maceta más grande, en vez de en suelo, siguiendo las indicaciones anteriores y teniendo en cuenta que, la maceta nueva, debe ser como máximo el doble de grande de la que tiene en el momento de recibir la planta, para favorecer el buen enraizado en su nueva localización.